Exploración de rutas y cimientos de una datificación alternativa

La historia para quienes desde las ciencias sociales y las humanidades han intentado crear puentes hacia la apropiación de herramientas de gestión, visualización y análisis de datos es cada vez más conocida. Después de una conferencia, taller, serie de lecturas o por simple curiosidad, se gana el entusiasmo suficiente para aventurarse en el desarrollo de habilidades para integrar un kit de herramientas que permitan aportar a la investigación crítica con datos. Y así inicia el desfile: Open Refine, Libre office, Excel, Power BI, Flourish, Tableau, R, Python, RAWGraphs, Google Colab, Jupyter, Pandas, Matplotlib, entre muchas herramientas disponibles en tutoriales, cursos de analítica de datos, estadística para ciencias sociales, programación para humanistas, periodismo de datos, etc. La variedad de herramientas comienza a ser descifrada y categorizada. Se identifican programas de gestión, programas de visualización, programas que segmentan, calculan y visualizan, paqueterías de procesamiento y postprocesamiento de datos. Hay quienes inician este camino cuando entran a un proyecto interdisciplinario o son ellos mismos quienes convocan a integrantes de distintas facultades o centros de investigación para iniciar uno. Esta ruta suele ir acompañada de preguntas complejas elaboradas por los colegas de ingenierías, física o matemáticas, que llegan a sembrar inseguridad y a desincentivar a los humanistas y cientistas sociales, pues no sólo ponen en duda la utilidad de las herramientas, sino la propia pertinencia del intento de construir estos cruces: ¿Para qué necesitas la herramienta?, ¿ya tienes claro si necesitas R o Python?, ¿no será mejor hacerlo usando SQL?, ¿tus datos son estructurados o no estructurados?, ¿ya has probado con un cuaderno en Jupyter o no lo quieres correr en local?

Para las colegas provenientes de las ciencias exactas, la investigación consiste en resolver problemas, en entregar productos acabados. Para las ciencias sociales y las humanidades, en cambio, es común que el objetivo de un proyecto no sea resolver problemas, sino problematizar hallazgos, afinar las preguntas acerca de un fenómeno social y llegar a conclusiones parciales. Este es uno de los primeros cortocircuitos epistemológicos para construir el cruce entre perspectivas que se requiere para construir los puentes a los que nos referimos. Después de este tipo de experiencias es recurrente que los encuentros entre colegas cuantitativos y cualitativos se conviertan en terreno hostil para ambas partes y no en pocas ocasiones lo que sigue es el desdén o la aceptación tácita de que el fin del proyecto consistirá en la presentación de hallazgos que poco contribuirán a una auténtica cooperación interdisciplinar como la que se imaginaba al inicio.

Otro puente es uno que pocos han logrado cruzar viniendo de las ciencias sociales. El de convertirse en programadores senior y en desarrolladores de herramientas propias, adecuadas a proyectos focalizados en datos y ancladas a perspectivas de corte cualitativo. Estos perfiles híbridos son considerados una rareza aún y tienen un alto valor en los departamentos de ciencias sociales y humanidades, pero también en empresas y gobiernos, cada vez más conscientes de la necesidad de una mirada creativa y crítica para el análisis de datos. Estas personas corren el riesgo de ser menos tomadas en cuenta entre colegas cuantitativos, debido al exceso de consideraciones y preguntas que recorren el diseño y la implementación de sus investigaciones.

A pesar de estos y otros obstáculos, en los últimos años han emergido programas, materias y laboratorios en universidades, que contribuyen a los esfuerzos puestos sobre el abordaje de lo digital desde disciplinas tradicionales y campos emergentes como las ya mencionadas humanidades digitales y estudios críticos de datos. Estas y otras iniciativas no deben separar el desarrollo conceptual proveniente de lo analógico de sus discusiones, por el contrario, deben partir del supuesto de que el conocimiento acumulado en esas áreas permite precisamente poner en evidencia puntos ciegos del análisis de registros masivos y complejizar con capas analógicas y socioculturales el recorte de la realidad que viene de lo digital. Las disciplinas tradicionales de las ciencias sociales y las humanidades así como campos como los estudios de performance, comunicación, archivística, entre otros, a partir de temas y documentos provenientes de los estudios de memoria, violencia o movimientos sociales, por mencionar algunos, están en condiciones de avanzar en el diálogo y la integración de herramientas provenientes de áreas como la lingüística de corpus, el análisis de redes y los métodos digitales, para fomentar abiertamente una discusión inter y transdisciplinar capaz de producir un tipo de investigación social que no agote la construcción de estos puentes metodológicos en la apropiación técnica y la utilización "sin errores" de métodos y herramientas de gestión y visualización de datos provenientes de las ciencias exactas.

Los campos mencionados tienen la capacidad de sopesar las implicaciones epistemológicas del abordaje de tipos específicos de registros y de sus limitaciones constitutivas, así como los efectos políticos, de visibilización e invisibilización de ciertos aspectos y versiones de la realidad, que tienen los sesgos metodológicos en casos concretos. En conjunto, estas áreas del conocimiento pueden producir incidencia en el desarrollo alternativo de la propia concepción de la datificación de la realidad como condición contemporánea, dominada en el contexto actual por el mercantilismo empresarial, la vigilancia gubernamental y el pragmatismo ingenieril.

En Latinoamérica hay algunos ejemplos donde los cruces aquí señalados ocurren. Se encuentran sobre todo en espacios de trabajo dentro de universidades y en medios alternativos. Estos lugares se han convertido en semilleros de pensamiento crítico ejercido a través del análisis de datos. Anclados a preguntas cualitativas para abordar problemas sociales, estos espacios han crecido gracias a la participación activa de programadores que han desarrollado herramientas de descarga, gestión y visualización de datos, así como colaborado en fases cuantitativas del análisis de datos que no son el fin último de los proyectos, sino un insumo para profundizar en un aspecto datificado de la realidad social. Espacios como LABIC[^1] en Brasil, Plano Negativo[^2] en Colombia o Signa_Lab[^3] en México han desarrollado proyectos donde este cruce interdisciplinario ha sido fructífero. Medios independientes y ONG´s en defensa de los derechos humanos, como InternetLab[^4] en Brasil, Linterna Verde[^5] en Colombia, Data Cívica[^6] o Quinto Elemento Lab[^7] en México, entre otros, cuentan con informes e investigaciones fundamentados en aproximaciones críticas al trabajo con datos. También se encuentran grupalidades como Tierra Común[^8], donde académicos y activistas abordan procesos de descolonización de los datos desde posicionamientos situados en el sur global, y más allá de Latinoamérica están el Critical Data Studies Research Group creado por estudiantes de la universidad de Groningen, que ha organizado un par de temporadas a distancia y ha convocado a interlocutores de distintos países para pensar cultura digital y datificación, y la Data Power Conference[^9], encuentro internacional en el que se han desarrollado conversaciones fundamentales para los Estudios críticos de datos desde el 2015.