Desafíos epistemológicos y apuestas políticas para la producción de conocimiento

La construcción de puentes para el desarrollo de métodos digitales críticos debe mantener una vigilancia epistemológica constante. Para Bernhard Rieder y Theo Röhle, el despliegue técnico proveniente de la capacidad de manejar inmensas cantidades de información y el despliegue estético proveniente en particular de la generación de visualizaciones en forma de red o en forma de mosaicos con cientos o miles de palabras o imágenes, en ocasiones corren el riesgo de convertirse en resultados en sí mismos, que además reclaman cierta incuestionabilidad, aspecto que precisamente el pensamiento crítico ha puesto en duda en el pensamiento cuantitativo en general, en lugar de ser utilizados como insumos para fortalecer el análisis crítico. Sobre esto, agregan los autores, "While a textual argument can easily be converted into its negation (anyone can quickly formulate a counter-argument) a visual or quantitative argument is not as easily reversed (one would need access to the instrument and its specifications)" (Rieder & Röhle, 2012. p. 74). Así, el uso de estas herramientas puede producir un convencimiento por fascinación y consolidar una suerte de entusiasmo acrítico desde las ciencias sociales que, en escenarios pragmáticos o colmados de exigencias institucionales, lleve a sustituir la argumentación realizada con hallazgos bien sustentados entretejidos con una interpretación conceptual rigurosa, por laxos dispositivos retóricos gráficos que no aceptan preguntas.

Por otro lado, la integración de la "objetividad numérica" en la investigación social provista por el cálculo computacional puede aparentar una necesidad de resolver problemas y de llegar a un resultado preciso, medible y replicable también en las ciencias sociales y las humanidades. Uno de los mejores ejemplos de esta inercia es la amplia aceptación de estudios de análisis de sentimiento en las investigaciones de datos masivos ancladas a preguntas cualitativas. Este tipo de estudios traducen escalas de valores positivos y negativos al análisis de registros categóricos en los datasets, esto es, al análisis de palabras dentro de un corpus de texto, para identificar emociones positivas y negativas, y así calcular la intensidad de cada indicador. Este enfoque ha traído herramientas para el análisis de contenido y está produciendo aportaciones relevantes, entre otros, a campos como los estudios del discurso y la comunicación política. Se trata de actualizaciones a la investigación social cuantitativa, preexistente al acceso a cantidades masivas de datos y herramientas para abordarlos llegadas con la era digital. No pretendo poner en duda ni relativizar estas aportaciones, sino mencionar estos desarrollos para delinear de mejor manera el horizonte cualitativo de los puentes aquí abordados. Mi pregunta no es si el horizonte de estos cruces debe ser que las investigaciones sociales ganen precisión cuantitativa, está claro que eso está ocurriendo y con resultados más que positivos, sino ¿qué otra cosa es posible hacer además de aprender a usar las herramientas desde el marco epistemológico en el que fueron diseñadas? y ¿qué otras rutas de producción de conocimiento pueden emerger de la experimentación metodológica en las condiciones actuales?

Puesto así, parte de las precauciones epistemológicas en el desarrollo de los puentes que proponemos consiste en identificar y actualizar aspectos de la producción de pensamiento crítico que necesitan sostenerse en la aproximación a la realidad a partir de registros digitales. La generación de preguntas, la producción de conocimiento parcial, la entrega de hallazgos que problematicen el panorama de lo analizado y que no lo "resuelvan", son un conjunto de características de la mirada cualitativa que es necesario sostener en las aproximaciones metodológicas con datos como anclaje epistemológico y como apuesta política de la producción de conocimiento. Desde las humanidades digitales esta cualidad ha sido colocada como exigencia. Para Johanna Drucker, la generación de visualizaciones de datos que no emulen a nivel gráfico los valores cuantitativos presentes en las bases de datos, sino que lleven a exploraciones que produzcan "nuevos significados" (Drucker, 2020) tiene como uno de sus objetivos la producción de "conocimiento parcial", de preguntas y no sólo de certezas acerca de lo que investiga. Esta acumulación de procesos como productos de investigación permite sostener el análisis de una realidad social contingente sin apelar a una mirada inocente que piense en la carencia de cálculo y estrategia, aspectos inherentes a toda mirada socioculturalmente situada, sino a contrapelo de una concepción de la realidad como algo que debe ser sistemáticamente predicho, ¿para beneficio de quién? En consecuencia, se distingue como parte de los horizontes que aquí buscamos, el valor de no buscar la solución pragmática de problemas a partir de la integración de la precisión numérica que ofrecen las herramientas de manejo de datos, sino la construcción de nuevas formas de problematizar la contingente realidad.

Algunos referentes de este tipo de exploraciones podemos encontrarlos en investigaciones como la de Sayde Mobayed, quien ha problematizado la cuantificación del feminicidio en diversas fuentes en México y ha trabajado en una "ontología política del dato" que lo concibe como registro soportado por infraestructuras simbólicas y materiales que lo moldean y lo despliegan como algo "múltiple" y no como un hecho particular (Mobayed Vega, 2025. p. 295). En esta misma ruta, el feminismo de datos se ha empeñado en problematizar, situar y repensar las categorías con las que se registran y comparten los datos como forma de intervención directa en el procesamiento y análisis crítico de los mismos (D'Ignazio & Klein, 2020). Diego Arredondo ha desarrollado cuadernos de procesamiento de datos textuales con Python, para crear visualizaciones interactivas de los patrones semánticos en las preocupaciones ciudadanas en Barcelona recogidas en la plataforma Decidim (Arredondo, 2025). Por su parte, desde una mezcla entre estudios de violencia y memoria y a partir de la utilización de herramientas de sociolingüística, lingüística de corpus y análisis de redes, Ábrego ha trabajado en un tipo de datificación crítica de la violencia que transcribe, grafica y analiza los silencios en testimonios de violencia traumática (Ábrego, 2026). Mientras, Gray y otros han abierto una agenda alrededor de posibles literacidades de infraestructuras de datos, desde las cuales se invita a "not only inventively repurposing data but also problematising data, gathering alternative data or not gathering data at all" (Gray et al., 2018. p. 3). Estas aproximaciones, insertas en general en los estudios críticos de datos, son apuestas para intervenir y complejizar los procesos de datificación a partir de la condensación política de los registros, la generación de categorías sin pasar por el filtro de la supuesta objetividad del registro y la exploración de formas de visualización y análisis de datos desde marcos estrictamente cualitativos.

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